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Las Termas: grandes cambios, la misma esencia

Las Termas: grandes cambios, la misma esencia

Termas de Río Hondo tiene una larga trayectoria turística, pero en los últimos años creció de manera exponencial en infraestructura y servicios. A diferencia de otros destinos, la modernidad no afectó el apego a la tradición, que es su marca registrada.
Termas de Río Hondo registró en los últimos años un marcado crecimiento cualitativo y cuantitativo. A diferencia de otros destinos, y merced al largo historial turístico de la ciudad, mantuvo el equilibrio sin perder su esencia, según una nota publicada por el diario La Voz, de Córdoba.
Tal vez no sean muchos los que sepan que las termas santiagueñas tienen una característica significativa que la posiciona en punta respecto a otros centros de su tipo y obedece a las condiciones geológicas privilegiadas de estar levantada toda la ciudad sobre 14 napas de agua termal. Es decir que para gozar de las bienhechoras aguas no es imprescindible sumergirse en las piscinas, bajo la ducha de cualquier tipo de alojamiento, incluso en las viviendas particulares, el agua es termal. Las “aguas milagrosas” surgen en todo el perímetro de la ciudad de Termas de Río Hondo.
Las virtudes de esas “aguas milagrosas” fueron descubiertas en la antigüedad como fuentes curativas por los tonocotés, aborígenes sedentarios que vivieron a orillas del río Dulce y se dedicaron a la agricultura y alfarería. Mucho antes de la conquista española, las extensas llanuras del oeste de la actual provincia de Santiago del Estero, eran ocupadas por esa cultura que fue diezmada por la avanzada colonizadora.
Conforme transcurrió el tiempo, en ese lecho de aguas calientes, surgió la aldea de Miraflores que tuvo escaso desarrollo hasta la primera mitad del siglo XX cuando surgieron algunos sencillos alojamientos.
En 1932 se trazó el perímetro del pueblo, que en 1956 fue declarado ciudad y hacia fines de 1940 surgieron establecimientos hoteleros de importancia.
En 1967 se inauguró el dique Frontal y bajo su lecho quedó sumergida la antigua población. La represa se realizó para controlar las crecidas del río Dulce, generar energía y para el aprovechamiento de las aguas destinadas a riego.
En la década entre 1975 y 1985 se crearon el parque Güemes y el centro cultural San Martín, a la vera de la ruta nacional 9, pero fue a partir de 2012 donde la ciudad tuvo su punto de inflexión que derivó en un vertiginoso desarrollo. En la actualidad, la expansión urbana muestra calles asfaltadas a las que asoman edificios en altura, hoteles de categoría, el moderno Aeropuerto Internacional, a siete kilómetros del centro y el Autódromo Río Hondo, en un predio de 150 hectáreas en el perilago del dique Frontal que por sus características, permite ser usado por distintas categorías y disciplinas del deporte motor.
De la misma época es el Museo del Automóvil, instalado dentro del perímetro del Autódromo, con 2.500 metros cuadrados cubiertos, distribuidos en cuatro plantas en las que se exponen valiosas colecciones de automóviles de todas las épocas y desde cuya amplia superficie vidriada se tiene una privilegiada visión panorámica del autódromo.
Un centro médico de orientación termal, ubicado en el parque Martín de Güemes con programas de terapias neurológicas, antirreumáticas, circulatorias, dermatológicas, estética y belleza, presta servicios de consulta médica inicial y evolutiva. Propone tratamientos con agua mineromedicinal, baños de inmersión, gimnasia y kinesioterapia acuática, masajes; mecanoterapia, fangoterapia y gimnasia terapéutica.
La nueva infraestructura de la ciudad produjo vientos innovadores que pusieron en valor algunas arterias céntricas, la plaza y el tradicional Casino. Del mismo modo, los típicos locales destinados a los artesanos se vieron renovados. No obstante, el “alma” hondeña se mantiene en la tranquilidad citadina, el trato amable y sin apuros, en los simples vendedores de tortilla y pan casero y en los hacedores de la tradicional cestería que continúa el noble oficio de trenzar la paja brava del cual surgen coloridos canastos, fruteras, costureros, tal como ya lo hicieron sus ancestros.
Diseños de vanguardia, como el puente colgante que comunica con la isla Tara Inti, “rejuvenecieron” la imagen de la ciudad de Termas de Río Hondo.
La demanda de centros termales es contundente. Así lo reveló el segundo Work Shop de Turismo de Bienestar (término que abarca salud, estética y relax), realizado en fecha reciente en el Plaza Hotel de Buenos Aires. El encuentro arrojó singulares cifras: en el mundo genera más de 11 millones de empleos directos y el impacto global es de 1,3 billones de dólares.
Termas de Río Hondo conoce su potencial y sigue equipando la ciudad con nuevos servicios pero no tiene dudas de que en ese perímetro donde la provincianía se respira, las tradiciones y costumbrismos son una denominación de origen.

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