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El algarrobo, árbol de nuestra flora

El algarrobo, árbol de nuestra flora

Es un arbol, que encontramos en nuestra flora. Es una planta de mediano tamaño, inerme o poco espinosa de 5 hasta 18 metros de altura, el diámetro del tronco oscila entre los 40 y 50 centímetros. Crece en formaciones bajas y abiertas, como parques con copas muy globosas que a veces sobrepasan los 10 metros de diámetro..

El algarrobo blanco tiene una amplia distribución geográfica en la Argentina, abarcando Santiago del Estero todo el centro norte del país hasta el norte de Buenos Aires, es un componente común en el bosque chaqueño alto de madera dura, donde ocupa el segundo estrato, también forma comunidades puras fuera de los bosques, está presente asimismo en las sabanas con suelo arenoso al parecer siempre que la napa freática no esté a más de 15 metros de profundidad, es común en las márgenes de las represas o tajamares artificiales y en los bosques en galerías de los ríos, forma cinturones boscosos alrededor de depresiones salina.

El nombre común guaraní ibopé (ibopé- pará) significa árbol puesto en el camino para comer; mientras que el quichua tacko-yuraj viene de tacko, taco, o tacu algarrobo y yúraj juraj, blanco, su nombre más difudido “algarrobo” le fue dado por los conquistadores españoles por su similitud con el algarrobo europeo (Ceratonia siliqua).

Posee una madera pesada (peso específico 0,760 kilogramos por decímetro cúbico), tiene poco veteado y textura mediana a gruesa, una de sus mejores cualidades es el comportamiento al secado que le confiere gran estabilidad en sus dimensiones y permite su utilización en usos especiales como clisés, hormas, base para sellos, parquet, en ventaja al roble europeo (Quercus robur), debido a su menor permeabilidad disminuyendo las pérdidas por evaporación es madera durable a la intemperie; puede cepillarse bien, dando buena terminación a los muebles rústicos y pesados, con buen lustre o barniz, y también es posible desbobinar, su albura muy estrecha blanco amarillenta sobre el duramen castaño violáceo se oscurece a medida que pasa el tiempo cortado.

Las vainas o legumbres, llamadas “algarroba blanca” ha sido junto con el maíz el producto vegetal de mayor importancia y variada aplicación como alimento para el hombre y forraje para los animales por su gusto agradable y su alto valor nutritivo. Se consumen frescas secas o molidas, preparándose de esta última forma la añapa y un tipo de confitura conocido por “patay”, con las vainas se elabora una bebida alcohólica, la aloja y la agua muerta, se ha descrito una variedad con vainas más bien rectas, folíolos más pubescentes y mejor calidad de fruto: Prosopis alba.

La corteza tiene propiedades curtientes, por su alto contenido de tanino y también tintóreas, experiencias echan en plantaciones han demostrado su importancia para trabajos de reforestación en zonas áridas erosionadas, esta especie junto a su pariente el algarrobo negro ha sido excesivamente explotadas en toda su área de distribución, constituye uno de los más valiosos recursos de las regiones áridas y semiáridas de la Argentina.

Sus hojas son caducas, alternas, compuestas, vi pinnadas, de unos 10 cm. De longitud con hasta 35 pares de folíolos opuestos generalmente imparipinnados e insertos a 2 milímetros de distancia entre sí, los folíolos son de 15 milímetros de largo por 2 milímetros de ancho casi el doble del tamaño de su congénere el algarrobo negro.

Las flores son hermafroditas, pequeñas y amarillentas, reunidas en racimos cilíndricos y péndulos, en Entre Ríos aparecen de octubre a diciembre y en el noroeste argentino de septiembre a noviembre, a pesar de ser hermafroditas las flores no tienen posibilidad de autofecundarse, pues en cada flor maduran en primer lugar los órganos femeninos y luego los masculinos (floración protógina), el viento y los insectos se encargan de transportar el polen.

Sus frutos son vainas o legumbres coriáceas, subleñosas de color blanco amarillento de 12 a 25 centímetros de largo por 1,5 de ancho y 5 milímetros de espesor aproximadamente, en Entre Ríos se encuentran desde febrero hasta junio y en el noroeste de la Argentina desde diciembre hasta febrero, en general son falcadas o semicirculares, a veces rectas, aplanadas y encierran semillas castañas lisas de unos 7 milímetros de largo.

Su corteza es delgada pardo grisáceo estriada con surcos poco demarcados, dispuestos oblicuamente

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